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martes, 1 de diciembre de 2009

Poesia felina


Oda al Gato(de Pablo Neruda)
Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

Los gatos(de Liliana Cinetto)
A los gatos les gusta
subir al cielo
trepando una escalera
de caramelo.
Les gusta hacer cosquillas
a las estrellas
con los bigotes largos
y las orejas.
Les gusta hacerles bromas
a los ratones,
jugar a la rayuela,
pasear de noche
y cantarle a la luna
sus serenatas
hasta que los descubre
la madrugada.

A un gato(de Jorge Luis Borges)
No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

Imagenes: de David Pugliese.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Poema a un gato que no volvio

Ya no te veré más
durmiendo a gracia suelta:
no volviste jamás
de tu amorosa vuelta.

Con una gata blanca,
mira qué mala suerte:
la gata era la blanca
de la Señora Muerte.

La leche está servida,
Está listo el pescado;
tu silla preferida
en vano te ha esperado.

Tu paso era ligero,
tus modales corteses,
y fuiste tan sincero
que me ignoraste a veces.

Me hablabas tú muy suave,
yo nunca te entendía;
mas fue una falta grave
tu enorme melodía.

Llegó hasta el universo,
ira y amor a una,
el eco en el reverso
siniestro de la luna.

Y un encolerizado
te enmudeció en el frío:
no más a nuestro lado
duermes, amigo mío.

Tu cuerpo es hoy la sombra,
las nubes son tus manchas,
y sólo ahora te nombra
el silencio a sus anchas.

La leche está servida,
está listo el pescado;
tu silla preferida
ya se ha desesperado.

Fuente:http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=1368

Palabra de Gato

"Tu lomo condesciende a la morosa/ caricia de mi mano. Has admitido/ desde esa eternidad que ya es olvido/ el amor de la mano recelosa", escribe Borges, y para los amantes de los gatos la imagen es muy exacta: el gato acepta ser acariciado, del mismo modo que de pronto simplemente no se da, no recibe las caricias. Las gatas de esta casa, por ejemplo, protagonizan escaramuzas en las que me veo fatalmente envuelto y a veces pienso que llevan una estricta contabilidad de mis preferencias. La mayor se abalanza sobre la más pequeña y la expulsa de mi lado, pero no ocupa de inmediato el lugar disponible: le ha parecido constatar un error, una anomalía, y la corrige gruñendo, pero es difícil comprender lo que pretende.

"Siempre que observamos atentamente a un animal, tenemos la sensación de que en su interior hay un hombre que se burla de nosotros", dice Elias Canneti y al mirar a los gatos pienso que tiene razón. Pero es una burla solidaria, una ironía permanente. Se supone que los gatos son animales de compañía, pero nunca sabemos si somos los acompañados o los acompañantes y al fin y al cabo esa confusión es inherente al verdadero compañerismo. "Yo no conozco al gato", dice Neruda, en una de sus mejores odas: "No puedo descifrar un gato/ Mi razón resbaló en su indiferencia/ sus ojos tienen números de oro". Me gusta mucho, también, ese verso de Baudelaire que afirma que los gatos son "amigos de la ciencia y de la sensualidad".

Hace unos meses, la editorial argentina Bajo la Luna publicó El libro de los gatos, una antología preparada por Liliana García Carril, que considera poemas de Wordsworth, Yeats, Baudelaire, Prévert, Pound, Eliot y William Carlos Williams, entre otros poetas, incluidos los chilenos Nicanor Parra, Malú Urriola y Germán Carrasco, autor de un poema elocuentemente titulado Pongan alimento para gatos en mi tumba. Recuerdo también una selección publicada en España con textos de Colette, Kipling, Twain, Lewis Carroll, Patricia Highsmith, Cabrera Infante y otros narradores, pero el libro no incluye ese cuento de Edgar Allan Poe que arruinó injustamente la reputación de los gatos negros.
Acabo de leer un divertido comentario de Andrea Maturana sobre El gato negro, que ella leyó a los 16 años y que desde entonces, por miedo, no se había atrevido a releer. Su temor no era a los gatos sino a las pesadillas posteriores, aunque hay mucha gente que teme a los gatos, no solamente a los negros. A mí, en todo caso, las personas que temen a los gatos me producen desconfianza, pues sinceramente creo que convivir con ellos es una experiencia compleja, placentera y fundamental.

En Burguesía, uno de sus mejores relatos, Natalia Ginzburg cuenta la historia de una solitaria mujer que, hacia el final de su vida, encuentra un tardío consuelo en la compañía felina. La atmósfera de ese cuento me ha recordado Un gato en un piso vacío, el hermoso poema de Wislawa Szymborska en que el dueño ha muerto y el gato lo espera enojadísimo, prometiendo que cuando el hombre regrese lo tratará con distancia: "Algo no empieza/ a la hora de siempre/ Algo no sucede según lo establecido/ Alguien estaba aquí, estaba siempre/ y de repente desapareció/ y se empeña en desaparecer", piensa el gato, consternado.

A la literatura le gustan los gatos, pero no creo que a los gatos les guste la literatura, pues es conocida la costumbre felina de interrumpir a los lectores poniéndose en medio o derechamente arañando las portadas. Sin ir más lejos, he escrito esta crónica con una gata subiéndose cada tanto a la mesa para interponerse entre la pantalla y mis ojos, con evidente intención de sabotaje.

Carta de un gato

Ahora que vamos a vivir juntos déjame decirte algo: eres y serás siempre mi amigo y sólo te pido amor. Has decidido hacerte responsable de mi, y me siento agradecido por tu determinación. Existirá entre ambos un secreto-pacto de confianza que jamás será quebrantado por mi parte. Deberás comprenderme por algún tiempo. Acabo de llegar a tu casa, a tu vida. Me notarás desorientado, inquieto y algunas noches me verás... llorar. Si, necesito adaptarme. Seré tu amigo, entenderé tus cambios de humor, tus alegrías, tus días buenos y tus dias malos, estaré a tu lado acompañándote en tu soledad y en tu tristeza y te trataré siempre con el mismo amor. Cuando me veas echado en mi almohadón... me sientas ronronéando a tu alrededor, cuando camine a tu lado... que sepas que es mi manera de hacerte feliz. Quiero responder a ese ideal de gato que anhelabas, pero depende de ti: seré reflejo de tu modo de educarme y de tratarme. Ayúdame a no defraudarte. Si me tratas con violencia, seré agresivo. Háblame. Entiendo cada una de tus palabras aunque no te conteste con el mismo lenguaje. Aprende a leer mis ojos y comprenderás cuanto te entiendo; sé que eres una buena persona. Estoy seguro que me cuidarás con amor. Poco a poco nos haremos grandes amigos, nos conoceremos y nos respetaremos por igual. No olvides nunca, que a mi manera te amo. Durante muchos años creceremos juntos, compartiremos tantas y tantas cosas... y el día que me vaya a vivir a una estrella, mira el cielo con frecuencia, porque siempre me tendrás ahí. Pero deseo decirte algo: no dejes mi sillón vacío. Hay otro gatito esperándote y al cual llegarás a amar tanto como a mí. No quiero dejar en mi testamento una canasta vacía. Ahora bien... no pensemos en ese día, hazme caricias y juega un ratito conmigo. Tenemos muchos años por delante para hacernos felices. TU GATO.